domingo, 15 de diciembre de 2013

La imparable subida de la luz

La factura eléctrica viene que quema. Desde el inicio de la crisis la luz ha subido un 60%. Sin embargo la renta media de los hogares ha caído notablemente. Por ello, hay ciudadanos que están optando por bajar la potencia contratada para ahorrar. Aunque cerca de cuatro millones ya no pueden encender la calefacción porque el poco dinero del que disponen lo necesitan para comer. El año pasado las eléctricas cortaron la luz a casi millón y medio de hogares en España. La luz es algo básico y el Gobierno debería garantizar el suministro a las personas más necesitadas y máxime en el contexto actual. Actualmente en este país, la mayor parte de los sueldos y pensiones se van en pagar facturas y en alimentarse, por lo que pocas personas pueden ahorrar y consumir otros productos que necesitan. La situación económica no mejorará mientras la gente no tenga más dinero en su bolsillo y pueda vivir con dignidad y autosuficiencia.

   Es llamativo el hecho de que la liberalización del sector energético no haya beneficiado a los consumidores. A pesar de aumentar la competencia en el suministro eléctrico los precios no han dejado de subir y tanto el actual Gobierno como los anteriores son responsables de ello. Ya a finales de los años 70 del siglo pasado, el entonces Ministro de Industria, Alberto Oliart, se negó a la nacionalización de las líneas de alta tensión. Oliart defendía los intereses de las empresas de electricidad y no el de los ciudadanos. Se encareció la energía eléctrica. Posteriormente, durante el Gobierno de Aznar se privatizó totalmente la empresa estatal Endesa. Actualmente Aznar es asesor externo de dicha eléctrica para América latina y percibe una retribución por ello de unos 200.000 euros anuales. El expresidente del Gobierno Felipe González entró en el consejo de administración de Gas Natural Fenosa en 2010 por unos 125.000 euros al año. Y como ellos, otros políticos del PP y del PSOE ocupan puestos relevantes en compañías eléctricas, sobre todo tras retirarse de la actividad política. Por eso cuando están en el poder las favorecen tanto, en lugar de beneficiar a los ciudadanos. El actual Ministro de Industria, José Manuel Soria, dice que “la nueva Ley del sector eléctrico pretende acabar con el llamado déficit tarifario, una deuda acumulada de unos 30.000 millones de euros”. Sin embargo, los números no cuadran porque los beneficios de las eléctricas siguen aumentando año tras año. Por lo que el déficit tarifario, más que lo que se ingresa por la factura de la luz (cuya mitad de su importe son impuestos, por cierto) y lo que cuesta generarla, es en realidad lo que se ingresa por la factura de la luz y lo que oficialmente se ha fijado que cuesta esa generación. Y posiblemente se nos esté cobrando la luz al doble de su valor real. Por otra parte, la susodicha Ley del sector eléctrico penaliza el autoconsumo de energía solar y quien tenga una instalación fotovoltaica en su casa tendrá que pagar un impuesto por ello. Este gobierno privatiza hasta el Sol.


   Finalmente comentaré que Antonio Moreno, un ingeniero industrial jubilado, lleva casi 20 años denunciando irregularidades en la factura de la luz. Según sus cálculos, las empresas eléctricas han cobrado más de 10.000 millones de euros a los clientes de forma fraudulenta. Gracias a sus reclamaciones, los clientes han ahorrado unos 500 millones de euros, puesto que durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero el precio de los contadores se redujo un 10% y se prohibieron derechos de enganche por la sustitución del contador electromecánico por el electrónico. Hacen falta más personas que denuncien las estafas, como Antonio Moreno hace. Además las personas honradas debemos rebelarnos contra los gobiernos que suban los impuestos para beneficiar únicamente a políticos de los mismos y a grandes empresas. Y también debemos exigirles que persigan a los defraudadores y ladrones que pueden pagar y no lo hacen. Por ejemplo, hay urbanizaciones llenas de gente pudiente que vive en un chalet pero tiene la luz “pinchada” antes de llegar al contador. En definitiva, señoras y señores del Gobierno, dejen de fastidiar a la mayoría por beneficiar a una minoría.


Publicado en Heraldo de Soria el martes 17 de diciembre de 2013

domingo, 1 de diciembre de 2013

El desprestigio de los sindicatos

Los sindicatos son la principal herramienta de lucha colectiva que tienen los trabajadores. Con sus luces y sombras, son pilares de los derechos laborales y necesarios en una democracia. Su papel de defensa de los derechos de los trabajadores está recogido en la Constitución española de 1978. Uno de los sueños de la derecha, además del fin de las ideologías, es la desaparición de los sindicatos. Esa es su obsesión y de ahí vienen sus continuos ataques a los mismos. También persigue enfrentar a los trabajadores, a los que tienen empleo con los que no, y a todos ellos con los sindicatos. Su estrategia es “divide y vencerás”. Y en un momento tan difícil para la mayoría de la población, trabajadores y sindicatos deberían estar más unidos que nunca con el fin de frenar los abusos y recortes de la derecha.

   Tradicionalmente, la derecha ha considerado a los sindicatos como unos adversarios a batir para mantener sus privilegios y conseguir sus intereses. Pero es en los últimos años, en los que el Gobierno conservador ha llevado a cabo numerosos recortes sociales, cuando el acoso y derribo a la figura del sindicalista y el desprestigio de los sindicatos (sobre todo mayoritarios) se han intensificado en los medios conservadores. Éstos ponen el foco en las subvenciones públicas que reciben (pero no dicen nada del dinero público que el Gobierno destina a la patronal), en la vida de los sindicalistas, en el asunto de los ERE (en el que por cierto la Justicia determinará qué imputados son culpables, pues por la mala conducta de varias personas no se debe generalizar y pensar que todos los sindicalistas son unos ladrones), etc. Y todo ello para que la sociedad desvíe la atención de las verdaderas causas de la ruinosa situación del país, que son las políticas neoliberales. Éstas conducen a paro masivo, aumentan la desigualdad y la pobreza –al concentrar el capital en pocas manos-, se cargan lo público y crean trabajo en semiesclavitud. La reforma laboral del Gobierno conservador, que sigue los dictados de la Troika, además de abaratar todavía más el despido también ha abolido la negociación colectiva de bastantes convenios, con lo que los trabajadores se encuentran cada vez más desprotegidos, amparados únicamente por el Estatuto de los Trabajadores y el salario mínimo interprofesional (unos 645 euros), que el PP solamente ha subido unos 4 euros desde que ganara las elecciones en noviembre de 2011. Además debido al elevado desempleo hay mucha necesidad y bastante gente acepta trabajar por debajo del salario mínimo, y ello trae como consecuencia sueldos más bajos y un aumento del margen de los beneficios empresariales. Sin lugar a dudas, los más afectados por la actual coyuntura económica son los trabajadores asalariados y sobre todo los desempleados que ya no cobran.
 
La unión de sindicatos y  trabajadores ha sido clave en el éxito de la huelga de limpieza en Madrid

    Finalmente, decir que a la derecha le molesta mucho que la gente proteste, considera unos quinquis a los que se manifiestan y prefiere una mayoría silenciosa sentada en el sillón de su casa. Por eso quiere cercenar las manifestaciones y las huelgas. Sin embargo, los derechos laborales que intenta reducir (los cuales además son constitucionales) no se consiguieron sin movilización; hubo personas que lucharon por conquistarlos. La jornada de 8 horas se logró gracias a un sindicato anarquista (de ahí la celebración del Primero de Mayo) y el derecho a la huelga se consiguió, valga la redundancia, haciendo huelgas. La actitud de los barrenderos de Madrid el mes pasado, que no fueron a trabajar cerca de dos semanas tras conocer las intenciones de su empresa -una rebaja salarial en torno al 40% y más de 1.000 despidos-, es el camino a seguir para acabar con esta estafa a la que los burgueses llaman crisis. El capital, sin la plusvalía que generan los trabajadores, claudica ante la continuada ausencia de mano de obra y no consuma sus pretensiones más explotadoras e inhumanas.


Publicado en Heraldo de Soria el martes 3 de diciembre de 2013