martes, 1 de octubre de 2013

La privatización de las pensiones

El Gobierno del PP me recuerda mucho a la orquesta del Titanic, que seguía tocando mientras el barco se hundía. Finalmente también ha "tocado" las pensiones. Era algo que muchos preveíamos y de lo poco que le quedaba por incumplir de su programa electoral. A partir del año que viene las mismas ya no subirán con arreglo al coste de la vida. Se revalorizarán únicamente un 0’25 % anualmente mientras el Estado tenga déficit. Se calcula que los pensionistas van a dejar de percibir 33.000 millones de euros entre 2014 y 2022. Y aunque el Gobierno lo haya vendido como una medida destinada a ahorrar dinero al Estado, lo cierto es que conlleva una pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas y es un paso más en la privatización del sistema público de pensiones. También hace algo más de un par de años el Gobierno del PSOE aprobó otra medida en esa dirección: el retraso de la edad de jubilación a los 67 años.
  
   Para el Gobierno conservador la crisis que padecemos se debe fundamentalmente a un gasto público excesivo. No tiene en cuenta que el enorme endeudamiento privado, la recesión y el desplome de la actividad en la construcción -sobre la que se sustentaba el modelo productivo- han sido responsables del elevado desempleo, que ha tenido como consecuencia la caída de ingresos del Estado: se recauda mucho menos por IVA (el consumo está bajo mínimos), por cotizaciones a la Seguridad Social y por el impuesto sobre la renta. Para recortar el gasto social (y finalmente las pensiones) el Gobierno ha usado como coartada la coyuntura económica. También se ha excusado con la herencia recibida, sin tener presente que los "populares" han gobernado y gobiernan en ayuntamientos y comunidades que tienen mucha deuda.
  
    
    Sin embargo, no es cierto que el Estado gaste demasiado en pensiones, pues destina a las mismas menos que la media Europea (el 10 % del PIB frente al 12 % de la media de la Unión Europea). Y para el año 2050, el gasto estimado en pensiones será como el que hoy en día tienen países como Francia e Italia (aproximadamente un 14 % del PIB). Y eso que para entonces habrá aumentado bastante el número de pensionistas. En cambio la esperanza de vida habrá subido poco: cuatro años nada más. Hace un par de décadas el gobierno de turno ya se escudaba en la esperanza de vida y en una baja natalidad para recomendar planes de pensiones privados de bancos y aseguradoras como complemento a la pensión estatal. Pero no se tuvieron en cuenta factores como la incorporación de más mujeres al mundo laboral y el incremento de inmigrantes, cuya media de edad es de 28 años. Por ejemplo, gracias a las cotizaciones de los extranjeros unos 900.000 españoles cobraban pensión de jubilación en el año 2008.

    En definitiva, el Gobierno carga el peso de la “crisis” y el déficit del Estado sobre los más débiles mientras fortalece a los poderosos, como la banca y las grandes corporaciones. Éstas últimas, según informes de técnicos de Hacienda, son responsables del setenta por ciento del fraude fiscal existente en España. Por lo que urge una reforma fiscal para que haya una tributación realmente justa y progresiva y el Estado recaude más de quienes más tienen, tal y como establece la Constitución. Sin duda, la reforma fiscal es una de las asignaturas pendientes que, una vez llevada a cabo, contribuirá a aumentar los ingresos del Estado para que, en caso de caer drásticamente el número de cotizantes a la Seguridad Social o de agotarse el Fondo de Reserva de la misma, haya la suficiente liquidez para hacer frente al gasto social, y muy especialmente al pago de las pensiones públicas.

Publicado en Heraldo de Soria el martes 15 de octubre de 2013

domingo, 15 de septiembre de 2013

Suicidas y asesinos al volante

En poco más de una década las muertes en la carretera se han reducido a la mitad en España. El carnet por puntos y tecnologías como el airbag y los frenos ABS han influido en dicha reducción. También los accidentes este verano han descendido un 10 % respecto al de 2012; aunque aquí la causa creo que hay que buscarla en la menor cantidad de desplazamientos por el precio del combustible y el elevado desempleo. En cualquier caso, la mayor parte de los accidentes responden a un factor humano, el cual puede ser evitado. También es cierto que tanto recorte está afectando al mantenimiento de algunas carreteras y su estado no es el adecuado para una circulación segura y ello puede provocar siniestros. Aunque sin duda la mayor parte de los accidentes se producen por no cumplir las normas de tráfico y por las distracciones.

   Muchos accidentes se producen por un exceso de velocidad, por conducir bajo los efectos del alcohol u otras drogas, por adelantar en línea continua (causa de choque frontal), por no guardar las distancias mínimas de seguridad, por circular con la música a un volumen muy alto, por ir hablando con el móvil o por las preocupaciones. Casi todas son causas evitables. Por eso cuando se conduce es muy importante estar sobrio, descansado, muy atento a la carretera y relajado; y llevar puesto el cinturón de seguridad. Sin embargo hay personas que no se toman en serio la conducción, que no valoran el riesgo y que incluso creen que el coche es un juguete y las carreteras circuitos de carreras. Las hay inestables psicológicamente que se excitan pisando a fondo el acelerador. Y las hay, muy peligrosas, que salen a la carretera deprimidas (tras una ruptura sentimental por ejemplo) y corren con el objetivo de matarse. No sienten ningún amor por su vida y con esa actitud ponen en riesgo la de otros.


   Hay individuos que circulan a 130 kilómetros por hora e incluso más. Son auténticos suicidas y asesinos en potencia, como los que conducen bebidos o drogados. Encima algunos de ellos hasta van sin seguro. Y es que hay personas que al volante se transforman negativamente y se vuelven salvajes. Se sienten dueñas de la carretera y para ellas rige la ley de la selva. Y se tornan imprudentes, irresponsables e irrespetuosas. Al contrario que las deprimidas -las cuales buscan la muerte- se mueven por la vida con una seguridad pasmosa, creyendo que no les va a ocurrir nada malo, que el dolor y el sufrimiento son cosa de otros y que no van a palmar jamás. Hasta el día que la desgracia les afecta a ellos directamente: es entonces cuando toman conciencia de la condición mortal del ser humano. Es cuando realmente se dan cuenta de su fragilidad y de su miseria.
    
   Finalmente decir que la reforma de la Ley de Tráfico y Seguridad Vial, que podría estar vigente a principios del año que viene, pone en mi opinión demasiado énfasis en las multas debido al afán recaudatorio que tiene el Gobierno. Y hay personas pudientes que pueden pagar todas las multas del mundo y por lo tanto seguir delinquiendo. Por ejemplo, si se quieren evitar los accidentes producidos por conductores ebrios, en lugar de aumentar la multa al doble en las personas que den positivo en la prueba de alcoholemia, es más eficaz y ejemplarizante dejarlas sin carnet uno o varios años. Y las personas que maten a alguien (por no respetar los semáforos o los pasos de cebra, por ir bebidas, drogadas o a gran velocidad, etc.) deberían cumplir íntegramente condenas más largas, como ocurre en otros países de Europa. Porque en España, penalmente hablando, sale barato delinquir. Y más si se es famoso o poderoso.

Publicado en Heraldo de Soria el viernes 4 de octubre de 2013

domingo, 1 de septiembre de 2013

Volver a "la rubia"

Desde la llegada del euro a España, el coste de la vida ha subido tres veces más que los salarios. Además el paro ha aumentado mucho y hemos perdido la soberanía económica e incluso política. Países muy dispares económicamente, con distintos modelos productivos y diferentes tasas de desempleo conforman la unión monetaria, por lo cual antes de tener una moneda en común habría que haber pensado en elaborar una política fiscal común. Y es que sin esa convergencia previa no es posible un sistema económico igualitario en los países pertenecientes al euro. El invento de la Unión Europea, pues, falló desde sus inicios y ha tenido como resultado la ruina de los países más débiles (España, Grecia y Portugal), mientras Alemania y sus bancos se han visto beneficiados por la entrada en el euro de aquellos. Y a menos que España salga de él costará mucho superar la crisis, ya que seguramente las altas tasas de desempleo se mantendrán durante años.

   Yo soy partidario de la salida de España del euro y simplemente soy un ciudadano con conocimientos elementales de economía. Pero hay varios premios Nobel de Economía que contemplan e incluso recomiendan la salida del euro de España. Son prestigiosos economistas, como James Mirless o Paul Krugman. El primero dice que España necesita salir del euro, volver a la peseta e imprimir mucho dinero y utilizarlo en inversiones públicas con el fin de crear empleo. Con la vuelta a la peseta tendríamos nuestro propio banco central. Uno de los beneficios que tendría para España salir del euro sería la posibilidad de devaluar la peseta respecto al “euro alemán”: aumentarían las exportaciones, con lo que nuestra economía sería más competitiva. Además España se convertiría en un país atractivo para las inversiones extranjeras. Aparte, una salida del euro no implicaría el abandono de la Unión Europea. Hay países de la misma que tienen su propia moneda, como por ejemplo Reino Unido o Suecia; y ambos obtienen grandes ingresos gracias a la fortaleza de sus exportaciones.

 

  Como el euro no se puede devaluar, el Gobierno ha conseguido aumentar las exportaciones a costa de una reducción de los salarios; sin embargo, los precios no han bajado. Nos encontramos en una situación económica de estanflación (tasa elevada de desempleo y crecimiento moderado a alto de los precios). Es cierto que devaluando la peseta y dándole bastante a la máquina de imprimir billetes se corre el riesgo de una inflación alta; pero aun así, sería un escenario preferible -habría un aumento del consumo con la creación de empleo que ello conllevaría- al que tenemos ahora con una economía estancada, ya que la demanda doméstica está en mínimos. Tengamos presente que para recuperarnos de la crisis que vivía España en los años 90 la peseta se devaluó varias veces frente al marco alemán; se ganó en competitividad, pues bajaron los precios. Pero la Gran Depresión de finales de la década de los 20 y los años 30 del siglo pasado, a la que se asemeja la actual crisis económica en España debido a su gravedad y duración, se superó por el aumento del consumo más que por el de las exportaciones.
   
   Finalmente, ya sea en euros o en pesetas, la deuda española es impagable. Por lo que es necesario auditar la deuda y declarar ilegítima la que no nos corresponda pagar. Para ello, la reforma del artículo 135 de la Constitución Española debería ser derogada. Que se pague todo al interés interbancario. Y el banco que especule con la deuda pública comprada con dinero público se nacionaliza y punto. Porque otro problema que ha habido en España es la especulación de los bancos con el dinero que les prestaba el Banco Central Europeo. Volvamos a tener Banca Pública como antaño con Argentaria, que tenía aproximadamente la cuarta parte del negocio hipotecario y el crédito era más fluido que ahora. Fue una banca rentable que el Sr. Aznar acabó privatizando, como otras tantas joyas del Estado. Y ello unido a la entrada en el euro bajo su mandato ha hecho más ricos a unos pocos, a costa del empobrecimiento a medio y largo plazo de la mayoría de la población.


Publicado en Heraldo de Soria el jueves 5 de septiembre de 2013

lunes, 12 de agosto de 2013

¿Por qué nos vigilan?

Una de las cosas que más me llama la atención en los últimos años es la proliferación de cámaras de vigilancia en recintos públicos como el metro, estaciones de autobuses, locales de ocio, etc. Y en las grandes ciudades también impresiona la numerosa cantidad de cámaras que hay en la calle. Hay incluso una tecnología tan avanzada que permite que los ciudadanos seamos espiados hasta en nuestras propias casas. Miles de satélites espías controlan los movimientos de los seres humanos, amén de que la mayoría ya podemos ser localizados en todo momento porque estamos georreferenciados con el móvil. Y también se puede saber lo que pensamos por nuestros comentarios y opiniones  en Internet, tanto en redes sociales como en noticias. Aunque no obstante es dicha red la que está uniendo a ciudadanos de cualquier parte del mundo que quieren cambiar el sistema. Pero todavía hay bastantes personas que están en Matrix.

   En principio, los gobiernos aducen motivos de seguridad (búsqueda y localización de terroristas y criminales) para justificar el uso de la mencionada tecnología. Sin embargo, en nombre de la seguridad se está invadiendo la intimidad de las personas. Y este hecho también provoca inquietud a muchos ciudadanos que no son terroristas o ladrones. Y es que hay políticos al servicio de las oligarquías económicas que se resisten a dejar de controlar a los ciudadanos y se han convertido en espías para hacer más ricos a los que ya lo son. El catedrático de Economía Juan Torres López dice que “se nos vigila para favorecer al 1 % de la sociedad que se queda con más del 90 % de la riqueza que se está creando en el mundo”. A colación de lo que estoy comentando, este verano la opinión pública ha tenido conocimiento de la denuncia de un ex informático de la CIA, Edward Snowden, a los todopoderosos EE. UU. por violar derechos humanos básicos con su intenso e imparable espionaje. Curiosamente, el Gobierno de EE. UU. considera a Snowden un traidor a la democracia. Se ve que la CIA aspira a gobernar el planeta y no parecen importarle mucho los sospechosos de terrorismo, al someter a un tremendo espionaje a todo el mundo (a personas, a empresas potentes, a embajadas, a gobiernos de Europa, a países con economías emergentes, etc.). Como vemos, la tecnología relacionada con el espionaje está siendo muy útil a los gobiernos que la manejan, ya que así mantienen o aumentan su hegemonía.

Edward Snowden ha denunciado los métodos de espionaje de la CIA
   Por otra parte, cuando todavía no existía esa avanzada tecnología de espionaje, un escritor y periodista británico adelantado a su tiempo, George Orwell, ya reflejaba en su novela 1984, escrita a finales de la década de los 40 del siglo pasado, los métodos de control ejercidos por el Estado con el fin de dirigir la vida de los ciudadanos. En la citada obra muestra un partido único que impide a los ciudadanos pensar por sí mismos, como si de una dictadura se tratase. Actualmente hay una parte importante de la población que no se manifiesta por la dictadura del miedo que ha impuesto el Gobierno o que no piensa por sí misma por seguir las consignas de los líderes de algunos partidos políticos, por pertenecer a una de las numerosas sectas que existen  -y que son muy responsables de la alienación social- o por creer todo lo que escuchan en la televisión. Y también hay muchas personas desempleadas cuya vida se reduce a una lucha diaria por sobrevivir; y en esa situación de pobreza tampoco son libres. Recordemos que en la Edad Media, e incluso hasta varios siglos después, a los pensadores libres se les quemaba en la hoguera. Hoy se les esclaviza manteniéndoles en paro o con trabajos de 400 euros. Y es que desgraciadamente en tiempos de tanta mentira pensar libremente y decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. Máxime cuando el pastor enemigo es el que dirige el rebaño.

 Publicado en Heraldo de Soria el lunes 12 de  agosto de 2013


jueves, 1 de agosto de 2013

Suben los precios y bajan muchos salarios

No me equivoqué cuando hace un par de años pronostiqué en Heraldo de Soria que si el  PP ganaba las elecciones asistiríamos a una reducción de los salarios de la mayoría de los trabajadores. Esta bajada ha sido una de las consecuencias de la agresiva reforma laboral del Gobierno conservador. Y como el mismo no puede devaluar la moneda ha optado por intentar hacer más competitiva la economía española tratando de aumentar las exportaciones a costa de la reducción de los salarios. Sin embargo el consumo sigue desplomado y por eso casi no se crea empleo. Y es que para la derecha, la susodicha competitividad es producir a bajo coste (como ocurre en países asiáticos), lo que se traduce en menores salarios o peores condiciones de trabajo (largas jornadas y despido barato), que ahorran dinero al empresario y así obtiene más beneficios.

   El Gobierno está controlando casi todos los salarios, pero no los precios. Quien tenga la suerte de tener trabajo se habrá percatado de que gana una media de 300 euros menos que hace un año y si va a hacer la compra, como es el caso de un servidor, le habrá llamado la atención la subida de alimentos tan básicos como las patatas, el aceite de oliva o la fruta. Ya sé que este Gobierno es un defensor a ultranza de la economía de libre mercado y nada partidario de la intervención estatal en ella, pero sería deseable que el mismo y la patronal llegaran a un acuerdo para tratar de frenar la tendencia alcista de los precios. O so pena de acabar con una inflación desbocada. Si miramos al pasado, en la segunda mitad de la década de los setenta había en España una elevada inflación que, no obstante, quedó muy por debajo de sus peores previsiones por la firma de los llamados Pactos de la Moncloa en 1977. Se ve que en esa época había más políticos con altura de miras y sentido de Estado. Eso es lo que necesitamos ahora.


   Por otra parte, hay unos salarios que no han bajado. Son los del sector bancario, que se ha subido los sueldos a una media de 50.000 euros anuales, unos 28.000 euros más que el salario medio español. Y ello después de ser uno de los mayores responsables de la deuda privada, de haber sido rescatado con dinero público por el Gobierno y a pesar de tener una conducta indignante por los desahucios y el escándalo de las llamadas participaciones preferentes. En cambio, los sueldos de profesores y sanitarios descienden. Y los más bajos son los de cocineros y camareros. En definitiva, con tanta subida de impuestos y bajada de sueldos a los trabajadores, con el aumento de precios y los numerosos recortes sociales, este Gobierno ha terminado de arruinar a la clase media, mientras el poder financiero y la antigua oligarquía franquista siguen viviendo como reyes. Cada vez son más ricos; y los pobres más pobres. Porque aunque algunos digan que no, la lucha de los de arriba contra los de abajo continúa. Y la seguirán ganando los de arriba mientras el pueblo no tome conciencia y no se una, tanto en la calle como en las urnas, para acabar con esta gran estafa.

Publicado en Heraldo de Soria el jueves 1 de agosto de 2013

jueves, 4 de julio de 2013

Él nunca lo haría

Desde hace unos cuantos años, se viene repitiendo la misma escena y la misma vieja historia al llegar la época estival: miles de perros son abandonados por sus dueños cuando éstos se van de vacaciones. Ya he visto tres o cuatro y no me mola nada. Y eso que todavía no ha llegado agosto, mes vacacional por excelencia.

   “Él nunca lo haría” es el lema de una acertada campaña publicitaria que desde su inicio ha pretendido concienciar a la sociedad de que es justo y necesario evitar esa situación. En dicha campaña, que seguramente recordarán, aparecía un perro abandonado en medio de una carretera. Es una imagen tétrica y patética, sin lugar a dudas. Pero es el reflejo de la realidad, ya que los perros abandonados suelen terminar sus días en el asfalto (son atropellados) o en las perreras. Ese suele ser su fatídico destino. O en el mejor de los casos, siguen el rastro de sus dueños gracias a  su instintivo y maravilloso olfato y se reencuentran con ellos tras kilómetros y kilómetros de distancia.

   Ciertamente, la imagen de un perro abandonado llega al alma de cualquier persona medianamente sensible. Desde aquí, pido respeto y cariño para los animales. Cuídenlos y quiéranlos. Los perros, en concreto, están haciendo un gran servicio a la sociedad. Así, hay perros guardianes en casas y empresas (cuyo territorio custodian como nadie), perros lazarillo que son la vista de los ciegos, perros policía que identifican a los cacos y que encuentran la droga oculta, perros que tiran con fuerza de trineos en zonas gélidas de la tierra (sirviendo de este modo como medio de transporte), etc. Y el calor proporcionado por el pelaje de éstos también ha salvado a seres humanos de la muerte por congelación. Y, además, muchos perros han dado la vida por sus dueños. En televisión vi el caso de un perro que, cuando se empezó a quemar la casa, golpeó con las patas la puerta de la habitación en la que se encontraban durmiendo sus dueños. Éstos pudieron salir de la casa en llamas, pero el perro, avisador, murió carbonizado. Además los perros también nos acompañan en la “hora final” y más allá de la muerte. No sé si conocerán el caso del perro que se tumba sobre la sepultura en la que está enterrado su dueño. El perro no se va del cementerio y al final se ha hecho amigo del enterrador, que le da de comer.


   Como vemos, estos ejemplos nos ilustran claramente que los perros representan valores de los que bastantes humanos carecen, como la lealtad, la bondad y la amistad. Sinceramente, creo que debemos mucho a los perros, que continuamente nos están dando lecciones de humanidad. Y como dice mi abuelo: “¡Hay que ver cómo son los animales, que tienen más sentimientos que muchas personas!”. Sí, es verdad, los perros jamás abandonan al hombre, ya que son el mejor amigo de éste. Aunque el hombre les “falle”, ellos siempre vuelven. Estos sí que son muy buenos “colegas”. Se entregan a sus dueños de manera desinteresada y les ofrecen compañía. Y dada la actual y creciente tendencia a la soledad del ser humano, esta compañía evita la misma y previene o mitiga depresiones. Con ello no quiero decir que puedan sustituir el amor de un ser humano; pero la verdad es que el simple hecho de acariciarlos relaja bastante (es muy beneficioso para el sistema nervioso y, además, previene enfermedades cardiovasculares). Y ello está demostrado científicamente.

   Por otra parte, y paralelamente al abandono de los perros, se produce otro hecho no menos criticable: en vacaciones, muchas familias internan a sus miembros ancianos en residencias -o incluso los abandonan en hospitales- por considerarlos un estorbo. Ellos nunca lo harían (tampoco abandonaron a sus hijos cuando éstos eran pequeños y se encontraban indefensos. Los padres tuvieron entonces instinto de protección).

   Para terminar diré que tanto el abandono de los perros como el de los ancianos son acciones que dejan mucho que desear y enseguida definen a quienes las llevan a la práctica. Suelen ser personas viles, despreciables, crueles, maquiavélicas, que no merecen crédito, y a las que su egoísmo debería conducirles a la más dura soledad, para que así tuvieran tiempo de reflexionar sobre la dirección de su vida (o la falta de ella). Y es que a estas alturas a las buenas personas nos sorprende la cantidad de mentes enfermas y  de podredumbre que hay en este mundo.

Publicado en Diario de Soria el martes 15 de julio de 1997


sábado, 8 de junio de 2013

Obsolescencia programada

Muchos de los productos que compramos están hechos para que duren un determinado tiempo. No es casualidad, por ejemplo, que los que tienen un periodo de garantía de 2 o 3 años suelan comenzar a dar fallos o se estropeen tras expirar el mismo. A menudo ocurre que hay artículos que no pueden repararse; y el arreglo de los pocos que lo tienen puede costar tanto como adquirirlos nuevos y no compensa, pues, su reparación. De esta forma los fabricantes obligan a comprar nuevos productos y aumentan sus beneficios. A la práctica de programar el fin de la vida útil de un producto se le denomina obsolescencia o caducidad programada y sobre todo se da mucho en aparatos electrónicos. Ello es un perjuicio tanto para la economía familiar como para el medioambiente, pues supone un derroche de recursos que impide el desarrollo sostenible del planeta.

   El primer caso de obsolescencia programada fue el de la lámpara incandescente, presentada de forma oficial por Edison en el año 1879. Cuando empezó a venderse tenía una duración  de 1.500 horas y años después, concretamente en 1924, había empresas que anunciaban bombillas que duraban 2.500 horas. Actualmente una bombilla incandescente no supera las 1.000 horas de vida (es decir, alrededor de un año de uso). Y esto, después de tantos años y con el progreso científico que ha habido, no tiene sentido. Y de hecho el empresario español Benito Muros ha inventado una bombilla que puede llegar a durar 80 años; y no sólo el Ministro de Industria no ha querido recibirle sino que está amenazado de muerte por negarse a aceptar una oferta económica, para que no saliera al mercado dicha bombilla.


  Tampoco es lógico que con todo lo que se avanzado tecnológicamente los electrodomésticos duren cada vez menos. Actualmente se hacen lavadoras y frigoríficos que en algunos casos no duran más de seis años y fabricándose sin obsolescencia programada podrían llegar a funcionar 60 años e incluso podrían repararse sin ningún problema. También las impresoras vienen programadas de fábrica para que se bloqueen al imprimir cierto número de copias, debido a un chip que los fabricantes les incorporan. Los teléfonos móviles, tan abundantes, suelen dar problemas a partir del segundo año de uso y se hacen para que duren cinco años como mucho. Y hay baterías de coche que mueren al año y medio de ser estrenadas. Las pilas podrían durar mucho más pero a sus fabricantes no les interesa. También podrían hacerse medias de nylon sin carreras (se hicieron el siglo pasado, pero como los fabricantes vieron que era un pésimo negocio para ellos dejaron de hacerlas).
     
   Los poderes económicos (grandes multinacionales, grandes fortunas y bancos) y políticos al servicio de los mismos han impuesto a la sociedad un modelo económico basado en el consumismo (comprar, tirar y comprar). Este modelo capitalista, alimentado por un bombardeo publicitario en los medios de comunicación, ha incrementado la concentración de capital en menos gente. A principios de la década de los ochenta el 20 por ciento de la población tenía el 80 por ciento de la riqueza y actualmente solamente el 8 por ciento de la población acapara más del 90 por ciento. A esta situación se ha llegado por un consumo basado en el crédito bancario. Los bancos han logrado tal poder que controlan hasta la deuda pública de países. España es un ejemplo de ello. Los políticos de los dos grandes partidos se pasan por el forro de los pantalones la democracia legislando a favor de la banca, cuya mala gestión está siendo pagada por los ciudadanos, mientras asfixian a impuestos a PYMES y autónomos. Dado que el modelo económico vigente es una fábrica de millones de parados, es necesaria una nueva economía basada en el desarrollo sostenible y en un consumo responsable (debemos dejar de comprar a base de financiación cosas que no necesitamos). La sociedad debería concienciarse de ello y la mejor forma de hacerlo es que a la hora de comprar se apueste por productos de calidad y larga duración -y sobre todo que puedan repararse, a un precio razonable- de pequeñas y medianas empresas locales y nacionales, que son las que crean la mayor parte del empleo en España.

Publicado en Heraldo de Soria el martes 11 de junio de 2013