lunes, 12 de agosto de 2013

¿Por qué nos vigilan?

Una de las cosas que más me llama la atención en los últimos años es la proliferación de cámaras de vigilancia en recintos públicos como el metro, estaciones de autobuses, locales de ocio, etc. Y en las grandes ciudades también impresiona la numerosa cantidad de cámaras que hay en la calle. Hay incluso una tecnología tan avanzada que permite que los ciudadanos seamos espiados hasta en nuestras propias casas. Miles de satélites espías controlan los movimientos de los seres humanos, amén de que la mayoría ya podemos ser localizados en todo momento porque estamos georreferenciados con el móvil. Y también se puede saber lo que pensamos por nuestros comentarios y opiniones  en Internet, tanto en redes sociales como en noticias. Aunque no obstante es dicha red la que está uniendo a ciudadanos de cualquier parte del mundo que quieren cambiar el sistema. Pero todavía hay bastantes personas que están en Matrix.

   En principio, los gobiernos aducen motivos de seguridad (búsqueda y localización de terroristas y criminales) para justificar el uso de la mencionada tecnología. Sin embargo, en nombre de la seguridad se está invadiendo la intimidad de las personas. Y este hecho también provoca inquietud a muchos ciudadanos que no son terroristas o ladrones. Y es que hay políticos al servicio de las oligarquías económicas que se resisten a dejar de controlar a los ciudadanos y se han convertido en espías para hacer más ricos a los que ya lo son. El catedrático de Economía Juan Torres López dice que “se nos vigila para favorecer al 1 % de la sociedad que se queda con más del 90 % de la riqueza que se está creando en el mundo”. A colación de lo que estoy comentando, este verano la opinión pública ha tenido conocimiento de la denuncia de un ex informático de la CIA, Edward Snowden, a los todopoderosos EE. UU. por violar derechos humanos básicos con su intenso e imparable espionaje. Curiosamente, el Gobierno de EE. UU. considera a Snowden un traidor a la democracia. Se ve que la CIA aspira a gobernar el planeta y no parecen importarle mucho los sospechosos de terrorismo, al someter a un tremendo espionaje a todo el mundo (a personas, a empresas potentes, a embajadas, a gobiernos de Europa, a países con economías emergentes, etc.). Como vemos, la tecnología relacionada con el espionaje está siendo muy útil a los gobiernos que la manejan, ya que así mantienen o aumentan su hegemonía.

Edward Snowden ha denunciado los métodos de espionaje de la CIA
   Por otra parte, cuando todavía no existía esa avanzada tecnología de espionaje, un escritor y periodista británico adelantado a su tiempo, George Orwell, ya reflejaba en su novela 1984, escrita a finales de la década de los 40 del siglo pasado, los métodos de control ejercidos por el Estado con el fin de dirigir la vida de los ciudadanos. En la citada obra muestra un partido único que impide a los ciudadanos pensar por sí mismos, como si de una dictadura se tratase. Actualmente hay una parte importante de la población que no se manifiesta por la dictadura del miedo que ha impuesto el Gobierno o que no piensa por sí misma por seguir las consignas de los líderes de algunos partidos políticos, por pertenecer a una de las numerosas sectas que existen  -y que son muy responsables de la alienación social- o por creer todo lo que escuchan en la televisión. Y también hay muchas personas desempleadas cuya vida se reduce a una lucha diaria por sobrevivir; y en esa situación de pobreza tampoco son libres. Recordemos que en la Edad Media, e incluso hasta varios siglos después, a los pensadores libres se les quemaba en la hoguera. Hoy se les esclaviza manteniéndoles en paro o con trabajos de 400 euros. Y es que desgraciadamente en tiempos de tanta mentira pensar libremente y decir la verdad se convierte en un acto revolucionario. Máxime cuando el pastor enemigo es el que dirige el rebaño.

 Publicado en Heraldo de Soria el lunes 12 de  agosto de 2013


jueves, 1 de agosto de 2013

Suben los precios y bajan muchos salarios

No me equivoqué cuando hace un par de años pronostiqué en Heraldo de Soria que si el  PP ganaba las elecciones asistiríamos a una reducción de los salarios de la mayoría de los trabajadores. Esta bajada ha sido una de las consecuencias de la agresiva reforma laboral del Gobierno conservador. Y como el mismo no puede devaluar la moneda ha optado por intentar hacer más competitiva la economía española tratando de aumentar las exportaciones a costa de la reducción de los salarios. Sin embargo el consumo sigue desplomado y por eso casi no se crea empleo. Y es que para la derecha, la susodicha competitividad es producir a bajo coste (como ocurre en países asiáticos), lo que se traduce en menores salarios o peores condiciones de trabajo (largas jornadas y despido barato), que ahorran dinero al empresario y así obtiene más beneficios.

   El Gobierno está controlando casi todos los salarios, pero no los precios. Quien tenga la suerte de tener trabajo se habrá percatado de que gana una media de 300 euros menos que hace un año y si va a hacer la compra, como es el caso de un servidor, le habrá llamado la atención la subida de alimentos tan básicos como las patatas, el aceite de oliva o la fruta. Ya sé que este Gobierno es un defensor a ultranza de la economía de libre mercado y nada partidario de la intervención estatal en ella, pero sería deseable que el mismo y la patronal llegaran a un acuerdo para tratar de frenar la tendencia alcista de los precios. O so pena de acabar con una inflación desbocada. Si miramos al pasado, en la segunda mitad de la década de los setenta había en España una elevada inflación que, no obstante, quedó muy por debajo de sus peores previsiones por la firma de los llamados Pactos de la Moncloa en 1977. Se ve que en esa época había más políticos con altura de miras y sentido de Estado. Eso es lo que necesitamos ahora.


   Por otra parte, hay unos salarios que no han bajado. Son los del sector bancario, que se ha subido los sueldos a una media de 50.000 euros anuales, unos 28.000 euros más que el salario medio español. Y ello después de ser uno de los mayores responsables de la deuda privada, de haber sido rescatado con dinero público por el Gobierno y a pesar de tener una conducta indignante por los desahucios y el escándalo de las llamadas participaciones preferentes. En cambio, los sueldos de profesores y sanitarios descienden. Y los más bajos son los de cocineros y camareros. En definitiva, con tanta subida de impuestos y bajada de sueldos a los trabajadores, con el aumento de precios y los numerosos recortes sociales, este Gobierno ha terminado de arruinar a la clase media, mientras el poder financiero y la antigua oligarquía franquista siguen viviendo como reyes. Cada vez son más ricos; y los pobres más pobres. Porque aunque algunos digan que no, la lucha de los de arriba contra los de abajo continúa. Y la seguirán ganando los de arriba mientras el pueblo no tome conciencia y no se una, tanto en la calle como en las urnas, para acabar con esta gran estafa.

Publicado en Heraldo de Soria el jueves 1 de agosto de 2013

jueves, 4 de julio de 2013

Él nunca lo haría

Desde hace unos cuantos años, se viene repitiendo la misma escena y la misma vieja historia al llegar la época estival: miles de perros son abandonados por sus dueños cuando éstos se van de vacaciones. Ya he visto tres o cuatro y no me mola nada. Y eso que todavía no ha llegado agosto, mes vacacional por excelencia.

   “Él nunca lo haría” es el lema de una acertada campaña publicitaria que desde su inicio ha pretendido concienciar a la sociedad de que es justo y necesario evitar esa situación. En dicha campaña, que seguramente recordarán, aparecía un perro abandonado en medio de una carretera. Es una imagen tétrica y patética, sin lugar a dudas. Pero es el reflejo de la realidad, ya que los perros abandonados suelen terminar sus días en el asfalto (son atropellados) o en las perreras. Ese suele ser su fatídico destino. O en el mejor de los casos, siguen el rastro de sus dueños gracias a  su instintivo y maravilloso olfato y se reencuentran con ellos tras kilómetros y kilómetros de distancia.

   Ciertamente, la imagen de un perro abandonado llega al alma de cualquier persona medianamente sensible. Desde aquí, pido respeto y cariño para los animales. Cuídenlos y quiéranlos. Los perros, en concreto, están haciendo un gran servicio a la sociedad. Así, hay perros guardianes en casas y empresas (cuyo territorio custodian como nadie), perros lazarillo que son la vista de los ciegos, perros policía que identifican a los cacos y que encuentran la droga oculta, perros que tiran con fuerza de trineos en zonas gélidas de la tierra (sirviendo de este modo como medio de transporte), etc. Y el calor proporcionado por el pelaje de éstos también ha salvado a seres humanos de la muerte por congelación. Y, además, muchos perros han dado la vida por sus dueños. En televisión vi el caso de un perro que, cuando se empezó a quemar la casa, golpeó con las patas la puerta de la habitación en la que se encontraban durmiendo sus dueños. Éstos pudieron salir de la casa en llamas, pero el perro, avisador, murió carbonizado. Además los perros también nos acompañan en la “hora final” y más allá de la muerte. No sé si conocerán el caso del perro que se tumba sobre la sepultura en la que está enterrado su dueño. El perro no se va del cementerio y al final se ha hecho amigo del enterrador, que le da de comer.


   Como vemos, estos ejemplos nos ilustran claramente que los perros representan valores de los que bastantes humanos carecen, como la lealtad, la bondad y la amistad. Sinceramente, creo que debemos mucho a los perros, que continuamente nos están dando lecciones de humanidad. Y como dice mi abuelo: “¡Hay que ver cómo son los animales, que tienen más sentimientos que muchas personas!”. Sí, es verdad, los perros jamás abandonan al hombre, ya que son el mejor amigo de éste. Aunque el hombre les “falle”, ellos siempre vuelven. Estos sí que son muy buenos “colegas”. Se entregan a sus dueños de manera desinteresada y les ofrecen compañía. Y dada la actual y creciente tendencia a la soledad del ser humano, esta compañía evita la misma y previene o mitiga depresiones. Con ello no quiero decir que puedan sustituir el amor de un ser humano; pero la verdad es que el simple hecho de acariciarlos relaja bastante (es muy beneficioso para el sistema nervioso y, además, previene enfermedades cardiovasculares). Y ello está demostrado científicamente.

   Por otra parte, y paralelamente al abandono de los perros, se produce otro hecho no menos criticable: en vacaciones, muchas familias internan a sus miembros ancianos en residencias -o incluso los abandonan en hospitales- por considerarlos un estorbo. Ellos nunca lo harían (tampoco abandonaron a sus hijos cuando éstos eran pequeños y se encontraban indefensos. Los padres tuvieron entonces instinto de protección).

   Para terminar diré que tanto el abandono de los perros como el de los ancianos son acciones que dejan mucho que desear y enseguida definen a quienes las llevan a la práctica. Suelen ser personas viles, despreciables, crueles, maquiavélicas, que no merecen crédito, y a las que su egoísmo debería conducirles a la más dura soledad, para que así tuvieran tiempo de reflexionar sobre la dirección de su vida (o la falta de ella). Y es que a estas alturas a las buenas personas nos sorprende la cantidad de mentes enfermas y  de podredumbre que hay en este mundo.

Publicado en Diario de Soria el martes 15 de julio de 1997


sábado, 8 de junio de 2013

Obsolescencia programada

Muchos de los productos que compramos están hechos para que duren un determinado tiempo. No es casualidad, por ejemplo, que los que tienen un periodo de garantía de 2 o 3 años suelan comenzar a dar fallos o se estropeen tras expirar el mismo. A menudo ocurre que hay artículos que no pueden repararse; y el arreglo de los pocos que lo tienen puede costar tanto como adquirirlos nuevos y no compensa, pues, su reparación. De esta forma los fabricantes obligan a comprar nuevos productos y aumentan sus beneficios. A la práctica de programar el fin de la vida útil de un producto se le denomina obsolescencia o caducidad programada y sobre todo se da mucho en aparatos electrónicos. Ello es un perjuicio tanto para la economía familiar como para el medioambiente, pues supone un derroche de recursos que impide el desarrollo sostenible del planeta.

   El primer caso de obsolescencia programada fue el de la lámpara incandescente, presentada de forma oficial por Edison en el año 1879. Cuando empezó a venderse tenía una duración  de 1.500 horas y años después, concretamente en 1924, había empresas que anunciaban bombillas que duraban 2.500 horas. Actualmente una bombilla incandescente no supera las 1.000 horas de vida (es decir, alrededor de un año de uso). Y esto, después de tantos años y con el progreso científico que ha habido, no tiene sentido. Y de hecho el empresario español Benito Muros ha inventado una bombilla que puede llegar a durar 80 años; y no sólo el Ministro de Industria no ha querido recibirle sino que está amenazado de muerte por negarse a aceptar una oferta económica, para que no saliera al mercado dicha bombilla.


  Tampoco es lógico que con todo lo que se avanzado tecnológicamente los electrodomésticos duren cada vez menos. Actualmente se hacen lavadoras y frigoríficos que en algunos casos no duran más de seis años y fabricándose sin obsolescencia programada podrían llegar a funcionar 60 años e incluso podrían repararse sin ningún problema. También las impresoras vienen programadas de fábrica para que se bloqueen al imprimir cierto número de copias, debido a un chip que los fabricantes les incorporan. Los teléfonos móviles, tan abundantes, suelen dar problemas a partir del segundo año de uso y se hacen para que duren cinco años como mucho. Y hay baterías de coche que mueren al año y medio de ser estrenadas. Las pilas podrían durar mucho más pero a sus fabricantes no les interesa. También podrían hacerse medias de nylon sin carreras (se hicieron el siglo pasado, pero como los fabricantes vieron que era un pésimo negocio para ellos dejaron de hacerlas).
     
   Los poderes económicos (grandes multinacionales, grandes fortunas y bancos) y políticos al servicio de los mismos han impuesto a la sociedad un modelo económico basado en el consumismo (comprar, tirar y comprar). Este modelo capitalista, alimentado por un bombardeo publicitario en los medios de comunicación, ha incrementado la concentración de capital en menos gente. A principios de la década de los ochenta el 20 por ciento de la población tenía el 80 por ciento de la riqueza y actualmente solamente el 8 por ciento de la población acapara más del 90 por ciento. A esta situación se ha llegado por un consumo basado en el crédito bancario. Los bancos han logrado tal poder que controlan hasta la deuda pública de países. España es un ejemplo de ello. Los políticos de los dos grandes partidos se pasan por el forro de los pantalones la democracia legislando a favor de la banca, cuya mala gestión está siendo pagada por los ciudadanos, mientras asfixian a impuestos a PYMES y autónomos. Dado que el modelo económico vigente es una fábrica de millones de parados, es necesaria una nueva economía basada en el desarrollo sostenible y en un consumo responsable (debemos dejar de comprar a base de financiación cosas que no necesitamos). La sociedad debería concienciarse de ello y la mejor forma de hacerlo es que a la hora de comprar se apueste por productos de calidad y larga duración -y sobre todo que puedan repararse, a un precio razonable- de pequeñas y medianas empresas locales y nacionales, que son las que crean la mayor parte del empleo en España.

Publicado en Heraldo de Soria el martes 11 de junio de 2013

sábado, 1 de junio de 2013

La influencia social de la televisión

Ya han pasado casi sesenta años desde el nacimiento de la televisión en España. Entonces los receptores eran carísimos y solamente unos pocos, los más pudientes, tenían un televisor en su casa. Actualmente casi todos los hogares españoles disponen no ya de un televisor, sino de varios, lo que también ha contribuido a separar a las familias. Además, la televisión es el medio de comunicación que más influye en la sociedad debido a su gran propaganda ideológica y a su abundante publicidad, subliminal en ocasiones. Por ello, es importante seleccionar los programas y analizar sus mensajes con un sentido crítico, ya que en personas que tienen un nivel cultural bajo y una escasa o nula capacidad de crítica les induce con facilidad a pensar y a vivir de una determinada manera, siendo proclives a convertirse en autómatas sometidos a la voluntad de los poderes políticos y económicos. Por ejemplo, el suplemento dominical de Heraldo de Soria del pasado 12 de mayo mostraba que algunos programas seducen a los jóvenes con fórmulas de éxito fácil y el culto a la imagen, fomentando el individualismo y el egocentrismo, lo que les convierte en “juguetes rotos” sin valores y sin sensibilidad por la realidad social.

   Por otra parte, la llegada de la televisión digital trajo más canales gratuitos y por lo tanto más programas. Aunque no más calidad. La cadena cultural por excelencia sigue siendo La 2, pero la ve poca gente. Y en general, tenemos una televisión que en lugar de formar culturalmente y entretener, distrae a la sociedad con larguísimos culebrones, con los llamados reality shows (cuyas elevadas audiencias también reflejan la gran cantidad de personas morbosas y cotillas que hay), con mucha crónica de sucesos para que la sociedad se consterne -y no reflexione- y partidos de fútbol (que tienen un poder de convocatoria muy superior a cualquier manifestación para reivindicar derechos) para que la gente no hable ni del paro ni de la corrupción y desvíe la atención de la nefasta política del Gobierno. Y por si todo esto fuera poco el presidente del mismo, en un gesto antidemocrático, comparece en un televisor de plasma para evitar ser preguntado por los periodistas. Aparte, otro aspecto de la programación que quiero comentar es que pocos debates merecen la pena y en mi opinión son muy necesarios porque del contraste de pareceres surge la luz. Sin embargo, el debate que no es a horas intempestivas está descompensado o es un diálogo de sordos o una discusión de patio de colegio en la que predomina el y tú más y se hace una ardiente defensa del bipartidismo. Y también me resulta insoportable  que tertulianos paniaguados intenten trasladar a la opinión pública ese optimismo gubernamental de que pronto estaremos mejor, cuando no hay datos objetivos que lo demuestren. Y es que me resulta imposible creer que haya personas con una visión tan distorsionada de la realidad.


   Antiguamente se decía que una persona con información es una persona con opinión. La televisión es sin duda el medio que más opinión crea. No obstante, es aconsejable no limitarse a un solo informativo si se quiere tener conocimiento de todas las noticias y de todas las caras de las mismas, pues a veces en las cadenas estatales y en algunas privadas no se emiten las opiniones contrarias a leyes gubernamentales. Por ello siempre es bueno contrastar la información y ver otros canales. Además hay noticieros que rezuman sensacionalismo; o que narran las noticias sin orden y jerarquía, entremezcladas con hechos irrelevantes o anecdóticos. O incluso comienzan hablando del tiempo sin que haya una emergencia climática (una inundación, un huracán, un tornado, etc.). Y al final el espectador inteligente tiene la impresión de que se le han contado pocas cosas interesantes. También he notado que en informativos de cadenas públicas la actualidad internacional copa demasiado tiempo en detrimento de las noticias nacionales, que interesan bastante porque nos afectan más. Y es que seguramente los gobernantes quieren que pensemos continuamente que en otros lugares se vive mucho peor que en España. Con la que está cayendo aquí.

Publicado en Heraldo de Soria el martes 28 de mayo de 2013

viernes, 10 de mayo de 2013

Hacia una educación elitista

La reciente huelga general en el ámbito de la Educación ha puesto de manifiesto la indignación de bastantes padres, alumnos y profesores, todos unidos una vez más para protestar contra una reforma educativa cargada de ideología y que supone un retroceso de más de 40 años, llevándonos en un DeLorean a tiempos precedentes a la Ley General de Educación del año 1970. El presidente del Gobierno dijo en campaña electoral que no recortaría en Sanidad y en Educación, pero estamos viendo que no es así. Desde el Gobierno también nos dicen que no hay dinero y que no hay alternativa a su política económica, nefasta en mi opinión. Sin embargo el mismo ha preferido premiar a las mayores culpables de la crisis, las entidades financieras, rescatándolas con dinero público. Es una gran injusticia. Y además, si no hubiese políticos que roban ni grandes fortunas que defraudan tanto y hubiera una política fiscal más justa, no haría falta recortar en servicios públicos esenciales.

   La derecha no cree en lo público y si puede se lo carga privatizándolo, para hacer negocio con ello. Actualmente se excusa en la crisis para imponer esa política. Considera la educación como un gasto en lugar de verla como una inversión de futuro para el país. Qué distinta es la política finlandesa, que destina gran cantidad de dinero público a Educación y de esta forma ha conseguido ser uno de los países más avanzados del mundo, con un desarrollo basado en las nuevas tecnologías. Pero aquí el Gobierno del PP encima ha reducido las partidas destinadas al desarrollo y a la investigación y eso favorece el que España siga siendo un país cuya economía se basa mucho en el turismo y en la hostelería y no se potencie el campo científico. Y nos hace falta ser más competitivos y eso se logra innovando y exportando más productos y consiguiendo que los más preparados no se marchen fuera a trabajar porque aquí o no se les valora o no encuentran empleo de lo que han estudiado.


    Por otra parte, la reforma educativa del PP está impregnada de ideología. La subida de tasas, con un aumento escandaloso del coste de las matrículas universitarias, y la reducción de becas lo corroboran, ya que estas medidas dificultan cuando no impiden la realización de unos estudios superiores a muchos hijos de trabajadores. En el futuro muchos de éstos tendrán que conformarse con un trabajo precario. Vamos camino de que solamente estudie quien pueda pagar, como antiguamente ocurría, y eso es contrario a la igualdad de oportunidades. Y es que durante siglos la derecha ha hecho de España su cortijo y ahora no soporta que hijos de obreros accedan a puestos de dirección después de haberse formado en institutos y universidades públicas. Recordemos que hasta hace no mucho eran únicamente los hijos de los ricos los que accedían a esos puestos, bastantes veces al margen de sus méritos intelectuales o aunque no estuvieran capacitados para desempeñarlos. En definitiva, la derecha no soporta perder unos privilegios que le vienen de cuna; y como necesita esclavos para alimentar su insaciable codicia, hace leyes educativas que propician un nivel cultural y académico mínimo a las ya depauperadas clases media y baja, para así perpetuarse en el poder generación tras generación.


Publicado en Heraldo de Soria el sábado 11 de mayo de 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

Brillar con luz propia

La envidia es un sentimiento que siempre ha estado presente desde los orígenes de la humanidad. Casi todo el mundo conoce la historia de los hermanos Caín y Abel. Según ésta, el primero mató al segundo por envidia, por no soportar que fuera más inteligente y mejor persona que él. La envidia es una rémora que impide evolucionar a individuos y por extensión a la sociedad en la que viven. En España, por ejemplo, la envidia es una plaga. Y en una ciudad con tan pocos habitantes como Soria impresiona la cantidad de gente envidiosa que hay.

    El deseo tan extendido de que al otro no le vaya bien o incluso peor es síntoma de una sociedad mentalmente enferma. La envidia es un mal que hace sufrir tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas y va muy ligada al odio, pues el envidioso desea dañar. Detrás de una persona envidiosa hay una persona inmadura, con carencias o frustrada, que busca destruir a la persona que envidia. En lugar de luchar por sus anhelos y por sus sueños y de esforzarse por desarrollar sus aptitudes, pierde el tiempo intentando fastidiar y hundir a otros, recurriendo a la venganza, a las ofensas y a la difamación. Un envidioso también busca que su víctima pierda el respeto y la admiración de la gente y puede intentar crear una ignominia a la persona que envidia, inventándose una historia de ésta, para que sea rechazada por la sociedad.


   Por otra parte, las personas narcisistas (que son egocéntricas y que buscan “ser más” que los demás y mejores en todo) suelen pensar que la gente les tiene envidia. Y por ello hay muchas personas que se sienten angustiadas por los logros y la felicidad de otros. Pero las mismas deberían reflexionar y no ver sólo lo que los demás han conseguido, sino cómo han llegado a lograrlo. Por ejemplo, hay gente que sólo está de fiesta en fiesta mientras otra está estudiando o trabajando con mucho tesón. Es decir que hay personas que no se esfuerzan nada y cuando otras triunfan en la vida les produce rabia. En definitiva, cuanto más narcisista es una persona y cuanto más insatisfecha se siente con su vida, más envidiará a la gente que tenga lo que a ella le falta. Aparte, una de las peores envidias es la económica porque desata el consumismo sin freno. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad en la que bastantes individuos sin valores sólo dan importancia al dinero y a lo material, aspirando únicamente a ser los más ricos del cementerio y a tener mejor coche o casa que otros.

   No quiero terminar sin mencionar la fábula de la serpiente y la luciérnaga. En ella la serpiente quería comerse a la luciérnaga, sin que ésta perteneciera a su cadena alimentaria; simplemente porque no soportaba verla brillar con luz propia. Moraleja: si nos encontramos con personas que van detrás de nosotros para lastimarnos (aunque no les hayamos hecho nada ni estemos en su camino) ignorémoslas y sigamos caminando hacia delante, pues todos tenemos derecho a brillar, aunque eso moleste a quienes sólo pueden arrastrarse. Vivamos nuestra vida y dejemos a los demás vivir la suya.

Publicado en Heraldo de Soria el sábado 4 de mayo de 2013