domingo, 9 de octubre de 2011

Las drogas y su legalización

Las drogas existen desde tiempos muy lejanos. Incluso hay pruebas de su existencia en la Prehistoria. Han formado parte de rituales; y también el ser humano las ha venido utilizando con fines medicinales y recreativos. Estoy a favor de su legalización únicamente con fines terapéuticos, con un control médico. Eso sí, pienso que deben ser la última opción, en casos en los que peligre la vida o para paliar fuertes dolores (sobre todo de pacientes que están agonizando). Cuanto menos entren en el cuerpo mejor, pues modifican el equilibrio al que éste tiende por naturaleza e intoxican la sangre. Por eso soy partidario de la Medicina Natural, porque no es agresiva para el cuerpo y además es preventiva y curativa al mismo tiempo.
 
   Las drogas son sustancias neutras en principio. Lo que las convierte en buenas o malas, en mi opinión, es el uso que se les da (terapéutico o no). Como decía, defiendo una legalización sólo con fines medicinales, ya que la experiencia demuestra que cuando una droga es legalizada con fines recreativos los delitos asociados a su tráfico ilegal se reducen notablemente pero sin embargo su consumo suele aumentar bastante –por lo que se generan más adictos-. Y como ejemplo tenemos las principales drogas legales. En España hay más de tres millones de adictos al alcohol y más de doce al tabaco. Ninguna droga ilegal tiene tantos adictos. En Holanda el cannabis es legal y hubo que reducir en los “coffee shops” la cantidad permitida por persona y día de 25 gramos a 5. Y es que uno de los mayores inconvenientes de legalizar una droga con fines recreativos es que con el tiempo se integra de una manera habitual en la cultura e incluso mucha gente deja de verla como tal, llegando a minimizar sus riesgos. Es decir, consumir drogas se acaba viendo como algo normal; cuando en realidad lo lógico es no tomarlas para mantenerse sano ni son necesarias para pasarlo bien. A mí por ejemplo me han considerado raro más de una vez por no hacer lo que la mayoría, que es beber alcohol. Y no porque algo sea realizado por muchas personas es lo correcto y mucho menos el camino a seguir.


  Cada cultura tiene sus drogas legales o aceptadas y sus drogas proscritas. Pero hay dos cuyo consumo está extendido en casi todo el mundo y no tienen ningún valor medicinal. Me refiero a dos tóxicos como el alcohol y el tabaco, que están causando en la sociedad mayores perjuicios que otras drogas ilegales. El consumo de estas drogas (incluso cada una de ellas por separado) ya ha provocado en el mundo más muertes que todas las guerras juntas. Pero a pesar de ello todavía hay personas que piden la legalización de más drogas con fines recreativos. Pienso que ello provocaría en la sociedad una degeneración física y mental todavía mayor, con el consiguiente aumento del gasto público en sanidad (y por lo tanto de impuestos) para tratar tanta enfermedad (cánceres y trastornos psiquiátricos sobre todo).

   Hoy la sociedad está más informada que hace años de los riesgos que conlleva el consumo de drogas. Pero sin embargo éste sigue siendo alto, sobre todo entre la gente joven. Por eso es muy importante que los padres hablen con sus hijos del tema a edades tempranas (a los 9 ó 10 años) y no esperar a dialogar con ellos cuando se enteren de que hacen botellón o lleguen borrachos a casa. También es importante que los padres den ejemplo a sus hijos no fumando y no bebiendo. En general, desde muy pequeños los niños ven que el alcohol se consume en celebraciones familiares y por eso cuando llegan a la adolescencia muchos lo asocian a diversión y fiesta. La educación es fundamental para prevenir riesgos y adicciones. En el instituto también suele hablarse de drogas, pero pienso que lo primero es la educación en casa. Es importante que nadie ignore los peligros que le amenazan. Conociendo a fondo los riesgos que conlleva tomar drogas es más fácil que una persona las rechace voluntariamente cuando le sean ofrecidas éstas. Si aun así decide consumirlas, luego debería ser responsable y asumir el coste (al menos una parte) del tratamiento de la enfermedad o enfermedades que su ingesta continuada le provocase. Porque las drogas a medio o largo plazo acaban dañando la salud (si antes una sobredosis no acaba con la vida, claro). Aparte, la mayoría de las drogas producen sensaciones de euforia y/o placer al ser consumidas. Pero de nada sirve un estímulo inicial si el mismo termina en una depresión y se acaba peor que antes de tomar la sustancia. Las sensaciones placenteras llevan a muchas personas a repetir el consumo, con el riesgo de adicción que ello conlleva. Se sabe que las principales causas de adicción a las  drogas son la evasión de problemas y sobre todo el deseo de gozar.

Publicado en Heraldo de Soria el jueves 17 de noviembre de 2011 (1ª parte) y el miércoles 7 de diciembre (2ª parte)

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