martes, 9 de agosto de 2011

Causas y evolución del movimiento social 15-M

  El movimiento social del 15-M sigue vivo. Tiene el respaldo mayoritario de la sociedad española porque sus reivindicaciones son de sentido común y sensatas y además es pacífico. Los grupos minoritarios que apoyan la violencia se infiltran en el movimiento pero éste se desmarca de ellos. Los medios de comunicación, en general, llaman indignados a los congregados en Plaza del Sol pero en mi opinión más que indignados son violados. Es gente que está cabreada por la violencia social que han ejercido muchos políticos contra la clase media y los más débiles (los pobres), legislando contra sus derechos y atándoles toda su vida a un banco para poder ejercer un derecho constitucional como es el acceder a una vivienda digna. Y en el caso de no poder hacer frente a la hipoteca, la entrega de la vivienda al banco debería bastar para el pago y cancelación de la misma. Los partidos mayoritarios podrían cambiar la ley hipotecaria en el parlamento, pero no lo hacen porque están al servicio de quien les financia (la banca). Una reforma de esa ley contribuiría a pinchar la burbuja del crédito y del ladrillo, haciendo bajar los precios de la vivienda.

   Los ciudadanos no queremos que nos gobiernen los mercados. No votamos para eso cada cuatro años, ni para permanecer callados todo ese tiempo. La democracia se expresa tanto en las urnas como en la calle. Las personas que salen a protestar a la calle no lo hacen por gusto, tienen sus motivos. No estamos hablando de un colectivo formado por vagos y perroflautas como desde diversos medios conservadores se afirma. El movimiento del 15-M ha surgido por el aumento de la desigualdad social, por los privilegios de los políticos y porque bastante gente percibe un alejamiento de éstos. También porque cada vez más gente ya no cobra subsidio por desempleo y es muy difícil encontrar un trabajo (que también es otro derecho constitucional) en este momento de crisis económica. Se veía venir que bastante gente iba a salir a la calle. Ello no ha ocurrido antes por la gran cantidad de economía sumergida que hay en España y porque bastantes parados son mantenidos y ayudados económicamente por sus familiares. Puede que nos encontremos en la antesala de una revolución que ojalá sea pacífica, ya que desgraciadamente la Historia nos demuestra que las revoluciones han propiciado cambios pero no sin ir acompañadas de violencia.


   En las pasadas elecciones municipales la indignación de la calle no se vio reflejada en las urnas, no se canalizó la protesta, que aunque es apartidista en principio coincide casi plenamente con el programa político de un partido de izquierdas. Porque nadie puede negar que en las reuniones de las plazas se ha hablado de política. Y mucho. La separación de la Iglesia y el Estado, la reforma de la Constitución, la nacionalización de la banca y la reforma de la Ley electoral son propuestas claramente izquierdistas que salieron de las numerosas asambleas que se celebraron en las plazas de muchas ciudades españolas. Estoy convencido de que si la política no se traslada de la calle a las urnas es más difícil que se produzcan cambios. Como ya ocurriese en el Mayo francés de 1968, la izquierda está en la calle y la derecha más reforzada en las instituciones, pues la abstención beneficia al PP, cuyo votante es siempre bastante fiel. Además si nadie votase se crearían las condiciones ideales para la vuelta a la dictadura de una persona, junto a la dictadura del capital que ya padecemos. Costó mucho conseguir el derecho al voto, hubo gente que murió por ello. El voto -ejercido desde la libertad, la más profunda reflexión y la responsabilidad- es la mejor arma que tenemos los ciudadanos para cambiar las cosas.

Publicado en Heraldo de Soria el martes 9 de agosto de 2011

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