martes, 13 de septiembre de 2011

La eutanasia, ¿muerte digna o asesinato?

Es el eterno debate, tan polémico. En España, más del 60% de la población es partidaria de que la eutanasia esté permitida. Sin embargo, el Parlamento no tiene en cuenta este clamor social y no legisla, por lo que nos encontramos con que los jueces no pueden actuar y las autoridades políticas y religiosas son dueñas de nuestra vida y nuestro destino. Hasta tres años de cárcel le pueden caer a quien, según la ley, “colabore” en el homicidio. La Constitución española de 1978 reconoce el derecho a una vida digna, pero no el de una muerte digna. Para mí vivir es un derecho, no una obligación.

   Diariamente, muchas personas son obligadas a vivir de forma penosa y sufriendo durante años, con el consiguiente dolor que provoca no sólo a ellos, sino a sus familiares. Cuando ese sufrimiento se hace insoportable y, sobre todo, cuando estamos ante un enfermo terminal creo que la eutanasia es necesaria. La palabra eutanasia, etimológicamente, significa buena muerte. Cada uno es dueño y señor de su vida que, por supuesto, no pertenece ni a Dios (en el caso de que exista) ni al Estado. Somos libres por naturaleza. Parece que la Iglesia, con su postura dogmática y una visión retrógada de las cosas, quiere convertir este mundo en un valle de lágrimas. Es alucinante la influencia e injerencia de la misma en los temas sociales. Por supuesto que la Iglesia tiene el derecho a opinar, pero no el deber. Si algunos de sus altos jerarcas se vieran en la situación de Ramón Sampedro (que no se podía valer por sí mismo y fue el primer español que pidió la eutanasia en los tribunales) igual comenzaban a tener un poco de empatía.

Ramón Sampedro, cuyo cuerpo inmóvil e inerte fue la cárcel de su mente durante casi 30 años
   
   Antes de terminar, quiero dejar bien claro que la eutanasia no es un asesinato, sino una muerte asistida. Mientras que el asesinato es cometido contra la voluntad de la persona y, por lo general, con premeditación y alevosía, la eutanasia es solicitada por ésta; y sus familiares o amigos, en un acto de amor, le ayudan a morir dignamente. Porque... ¿quién causa daño, el que prolonga la vida de una persona para que siga sufriendo, o el que le procura un final sin dolor para evitar la prolongación del sufrimiento?

Publicado en Heraldo de Soria el miércoles 5 de febrero de 2003

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